El candidato de la izquierda colombiana, Iván Cepeda Castro, presentó recientemente su programa de gobierno titulado El poder de la verdad. En teoría, este documento debería contener las propuestas con las que aspira a resolver muchos de los problemas que aquejan al país y que dice representar.
Se trata, además, de la base programática que serviría para estructurar el eventual Plan Nacional de Desarrollo 2026–2030, es decir, la hoja de ruta que orientaría la ejecución de políticas públicas en caso de que Cepeda llegue a la Presidencia.
Sin embargo, al revisar el documento con detenimiento, lo que aparece no es un plan de gobierno estructurado, sino más bien un compilado de discursos pronunciados en diferentes regiones del país durante sus recorridos políticos. Discursos acompañados, por cierto, de movilizaciones que muchos se preguntan si han contado o no con recursos públicos para su logística.
El programa, que lleva el sugestivo título El poder de la verdad, tiene de verdad bastante poco. Más bien parece un texto recurrente cuyo eje narrativo gira alrededor de un solo nombre: Álvaro Uribe Vélez.
En más de 300 páginas, el expresidente es mencionado 97 veces.
No es casualidad. Tanto Cepeda como el actual presidente Gustavo Petro han construido buena parte de su carrera política alrededor de su antagonismo con Uribe. El problema es que cuando ese antagonismo se convierte en el centro del discurso, las propuestas terminan relegadas a un segundo plano.
Por ejemplo, uno de los temas más críticos del país, la educación, aparece apenas 80 veces en todo el documento. Y lo hace sin propuestas estructurales ni ideas innovadoras que permitan enfrentar problemas tan urgentes como el acceso a la educación superior o el drama del endeudamiento estudiantil.
Paradójicamente, Cepeda evita referirse con la misma severidad a las promesas incumplidas del propio gobierno que hoy respalda. Vale recordar que Petro prometió condonar las deudas del ICETEX y ampliar significativamente los cupos universitarios, promesas que hoy siguen esperando materializarse.
Otro dato llamativo es el tratamiento de la democracia dentro del programa. En más de 300 páginas, la palabra aparece 74 veces, pero de forma superficial. Una cifra que resulta curiosa para un candidato que dice defenderla con vehemencia.
Quizás por eso no sorprende el comportamiento de algunas figuras del progresismo en redes sociales. Basta ver la reacción contra Juan Daniel Oviedo, quien terminó segundo en la consulta de la derecha. Desde figuras como María José Pizarro hasta la recién elegida senadora Amaranta Hank, varios sectores del progresismo se lanzaron contra él con una virulencia que poco tiene que ver con el debate democrático.
En materia de seguridad, la situación no es mucho mejor. El tema aparece 59 veces en el documento, nuevamente sin propuestas de fondo que respondan a uno de los mayores desafíos que enfrenta hoy el país.
Y si hablamos de salud, el silencio es aún más elocuente. En más de 300 páginas, el tema aparece apenas 35 veces. Tal vez porque la crisis del sistema de salud se ha convertido en uno de los mayores dolores de cabeza del actual gobierno y, como dice el adagio popular, no se puede tapar el sol con un dedo.
Podríamos seguir revisando otros asuntos fundamentales para el país: vivienda, acueductos, desarrollo regional o impulso a la economía. Pero en el documento del candidato progresista estos temas apenas aparecen o simplemente se diluyen entre discursos ideológicos.
Al final, el programa de gobierno de Iván Cepeda deja una sensación inquietante: más que una hoja de ruta para el país, parece un ejercicio de narrativa política centrado en el pasado.
Y mientras Colombia espera propuestas serias para enfrentar sus problemas reales, algunos candidatos siguen mirando al retrovisor.
Tal vez ha llegado el momento de que los colombianos elijan un gobierno que vuelva a poner los pies en la tierra, que se ocupe de los problemas de los territorios y que entienda que gobernar no consiste en protagonizar debates eternos, sino en resolver los problemas de la gente.

No hay comentarios
Tu opinión es importante, compártela con nosotros, guardando respeto por los demás y cuidando tu lenguaje