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Administración Pública para dummies y el sentido común


Por:
Alejandro Murcia Niño
Abogado Especialista en Derecho Administrativo, Derecho Disciplinario y Derecho Constitucional
A veces, quienes administran lo público olvidan el elemento más importante del Estado: el componente humano, la población; aquella, que además de legitimar con su voto a los gobernantes, es el aportante económico que sostiene con su dinero convertido en impuestos, tasas, contribuciones y retenciones, a esa estructura arcaica, burócrata y poco servil llamada poder. 

Esa estructura llamada poder, está compuesta por siquiera tres grandes actividades o funciones, la Administrativa, la Judicial y la legislativa, representada por el Presidente, las altas Cortes y el Congreso respectivamente.

La Administración, es quizás, en toda empresa la actividad más importante. Para el caso del poder público colombiano, es la encargada de disponer los recursos públicos y dirigir el talento humano al servicio del Estado, y está representada en su máxima expresión por las autoridades ejecutivas de cada nivel (presidente, gobernadores y alcaldes).

Sin embargo, muchos de los administradores de lo público, olvidan que, precisamente esa función, no busca un interés particular, sino el interés general y la prosperidad de su población; olvidan que la razón de ser del Estado es precisamente la satisfacción de las necesidades de esa población que los eligió como sus autoridades, que le han dado todo a ese Estado, desde entregar parte de su dinero, hasta parte de sus libertades individuales, y que hoy sufre por la falta de alimento e ingresos.

Entendido esto, en una crisis económica y social como la que vivimos, esos administradores de lo público, deben orientar todos sus esfuerzos y decisiones en pro de la comunidad, y disponer, de ser necesario, todos los recursos económicos de libre destinación para conjurar la crisis, devolviendo un poco de lo que generosamente esos pobladores han entregado durante toda su vida; y no olvidar que sus salarios son pagados por esos pobladores, que ese vehículo oficial en el que se movilizan, se adquirió con los aportes de esos mismos pobladores, que esa silla en la que se sientan y ese escritorio son prestados, y que le pertenecen a esos contribuyentes, que esa oficina y hasta el tinto que se toman lo pagaron, los que hoy necesitan la generosidad del Estado.

No se entiende como algunos gobernantes, quieren resolver el problema de salubridad solo con restricciones, que, si bien son necesarias, no resuelven el problema económico y social que causa el aislamiento, pues con solo actos administrativos de orden público no se calma el hambre, ni con ellos se pagan las obligaciones crediticias, o los servicios públicos.
  
Lastimosamente hoy tenemos gerentes públicos en toda Colombia que desconocen su función, porque quizás nunca han experimentado administrar una empresa y llegaron a aprender en la marcha, y lo que es más vergonzoso, ni siquiera han tocado un libro de administración pública, desconociendo por ello, cosas tan esenciales como los fines del Estado y de la función administrativa, porque contrario a ello, dedican su tiempo a colgar videos, subir fotos, con los que buscan mejorar su imagen con likes o retweets, y con ello aumentar el número de seguidores, su ego y ser populares en redes sociales.

Aplicar el sentido común, debería ser sencillo para quienes nos gobiernan, en tanto esa población no debería salir a reclamar lo que es justo, lo que les pertenece, sino que, quien administra, ese mal llamado servidor público, debería acudir presuroso a cada hogar a entregar lo mínimo, un alimento y hacer una devolución de sus contribuciones a los pobladores, a esos que juiciosamente cumplen el aislamiento, y hasta a quienes no lo hacen, porque salen a la calle a buscar con que comer; aaah y si no encuentran la forma de hacerlo porque ni siquiera fueron capaces de señalarlo en sus planes de desarrollo como una meta, renuncien, porque hasta el sentido común les falló.

Por último, quisiera recordar dos frases, una del ex alcalde de Bucaramanga que refleja el sentido común: “Felicitar a un político por hacer obras con dinero público, es como aplaudirle a un cajero automático por darte tu dinero”, y la otra de mi señor padre que refleja lo común de la clase política: “La izquierda y la derecha se alimentan del populismo, el poder los vuelve adictos y simplemente se diferencian, en que por momentos unos mienten más que otros”.

Pd. Si la mayoría de los pobladores urbanos no han sentido la devolución de sus aportes al estado en alimentos, subsidios o en dinero, imagínense lo que están pasando hoy, los habitantes rurales, esos a los que ni sus pequeñas cosechas de pancoger, hoy el estado les compra, esos que producen parte de su alimento, pero que ni siquiera una libra de sal, granos y aceite han sido capaces de llevarles a su fundo quienes los gobiernan; sí, a esos que sufren por las crecientes de los ríos; que no tiene vías, ni puentes en acero sino en tablas. Será acaso que son desestimados porque no generan popularidad con likes o retweets, al no tener ni acceso a internet o porque tiene poco potencial electoral.

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