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El pabellón de quemados de la política en el Meta


Columna de opinión | Por Carlos Hernández

Luego de la jornada electoral de este domingo 8 de marzo, el pabellón de quemados de la política criolla recibió a cinco nuevos pacientes. Todos ingresaron en estado crítico, apenas se conocieron los resultados del preconteo que se adelantó en los puestos de votación.

Entre los afectados hay de todo: un exgobernador que quiso volver a las tarimas después de dos décadas de silencio, una senadora que insiste en decir que es llanera pero poco se le vio cuando el Meta más la necesitó, un polémico cultivador de piñas que disfruta bajarle la vara a las concesionarias, un joven delfín que cambió votos por burocracia y el ahijado político de la gobernadora del Valle que se quedó por fuera del Senado porque la votación simplemente no le alcanzó.

Veamos la historia clínica de cada uno. Porque en política, como en la pirotecnia, cada quemadura tiene su propia causa… y deja cicatrices difíciles de ocultar.

Alan Jara: el volador que nunca despegó

El primero en ingresar fue el exgobernador Alan Jara, quien decidió regresar a la arena electoral después de más de veinte años alejado de las tarimas políticas. Su apuesta fue presentarse como candidato al Senado en representación —según dijo— de las víctimas del conflicto.

Pero el experimento terminó como esos voladores que se encienden con entusiasmo y explotan antes de levantar vuelo. Jara agarró muy corto el palo y el artefacto se le reventó en las manos.

Resultado en las urnas: 11.423 votos.

Diagnóstico: quemadura política de tercer grado.

Arley Gómez: más show que votos

Nuestro siguiente paciente es bien conocido por su cruzada contra los peajes. Pero tranquilos, no se trata de Luis Carlos Sarmiento Angulo.

Hablamos de Arley Gómez, quien volvió a jugar con el “tote” de las redes sociales creyendo que los likes también cuentan como votos. Y como ya le ha pasado antes, el experimento volvió a terminar en humo.

Su balance electoral fue claro: 32.009 votos a nivel nacional.

Mucho ruido, pocas papeletas.

Diagnóstico: quemaduras de tercer grado en el 70 % del cuerpo político.

Olga Lucía Velásquez: llanera de temporada

Otro caso que sorprendió fue el de Olga Lucía Velásquez, quien intentó manipular el “marranito” electoral asegurando que ahora sí era llanera.

El problema es que en los momentos más difíciles que ha vivido el Meta su presencia fue, por decirlo suavemente, bastante discreta.

El resultado fue una votación de 56.683 votos a nivel nacional, muy lejos de lo necesario para mantenerse en la escena política con fuerza.

Diagnóstico: quemaduras de segundo grado.

Alejandro Vega: el delfín chamuscado

Para Alejandro Vega la situación tampoco fue sencilla.

El joven delfín político decidió jugar con el volcán que le entregaron sus tíos Carmelo y Marcela, sumado al petardo que representaba la alianza con el petrismo. El resultado fue predecible: el artefacto explotó antes de tiempo.

La cifra final fue de 36.555 votos, insuficientes para sostener una candidatura que prometía mucho más.

Diagnóstico: quemaduras en el 100 % del cuerpo político. Traslado inmediato a la UCI electoral.

Óscar Apolinar: buena votación, mala aritmética

El caso de Óscar Apolinar ha requerido un análisis más detallado por parte de los especialistas.

A nivel nacional obtuvo 71.736 votos, una cifra respetable. Pero en su propio territorio la cuenta fue mucho más modesta: 28.639 votos.

En política, como en la pirotecnia, a veces no basta con que el artefacto brille: también hay que saber dónde encenderlo.

Apolinar terminó quemado con el alambre de las chispitas mariposa. Alumbran bonito… pero no siempre alcanzan para ganar una curul.

Diagnóstico: quemadura aritmética severa.

Un nuevo mapa político

Más allá del humor ácido que deja esta jornada, lo cierto es que el panorama político del Meta empieza a moverse. Las derrotas también reconfiguran el tablero y abren espacio para nuevos liderazgos.

De aquí en adelante veremos una inevitable reorganización de alianzas y acuerdos con la mirada puesta en las elecciones locales de 2027, donde muchos intentarán regresar… después de sanar sus heridas.

Mientras tanto, una advertencia para los aspirantes del futuro:

Pilas. En el Meta ya no hay existencias de sulfaplata ni de senadores

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